Revisado para un certamen literario... en el que, por supuesto, me dieron calabazas cocinadas al estilo poético, :-)
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Él la miró a los ojos
con la luz entre los labios,
silencioso,
sutil,
enamorado.
Ella se abrazó a su cuello
y recitó un poema de amor
al resguardo de su nuca.
Él escribió en su espalda
los días de la semana.
Ella suspiró sesenta veces
sobre su vientre,
para que los segundos de un minuto
viviesen eternamente cálidos.
Él subió a lo más alto del árbol
y le contó cómo era el mar,
cómo los hombres y mujeres
se besaban en los parques.
Ella regó las flores del jardín
y salpicó su rostro
con unas cuantas gotas de ternura.
Él le robó sus pesadillas
y ella le ofreció un universo de latidos.
Desde ese día,
existe una mujer que se adormece
con el aroma del membrillo,
y un hombre que respirará,
por siempre,
a través de un corazón abierto.
.
.
viernes 13 de agosto de 2010
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1 comentarios:
Aunque el tiempo no tenga letras que suenan, si tiene ojos para ver esas letras. Hoy paso para llevarme unas cuantas, bastantes, ya que la cantidad es directamente proporcional al tiempo que llevo sin robarte. Un gustazo leerte, Salomé, uno se enriquece paseando entre tus letras.
Un beso
chus
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