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Me dieron las doce
mientras caminaba descalza
por el suelo del hasta luego.
Desconsolada y perdida
lloré como una niña,
porque al cumplir los ocho años
me dijeron que escondiese mis lágrimas
a partir del siguiente mes de abril.
Las puntillas de mis enaguas
se deshicieron con el sueño
que estiró del hilo
que Ariadna regaló a su Teseo.
Conversé con mis manos
porque nunca usaron adjetivos.
Me entregué a un mar enloquecido
pensando que las olas alcanzarían
la paz de una orilla sin orgullos trasnochados.
Supe que hay noches que son días
y noches que son más noche todavía.
Jamás me bañaré en la humedad
de un benévolo amanecer.
La negritud huele a brea
y sabe a luto de mortaja.
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miércoles 7 de julio de 2010
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1 comentarios:
"El secreto mejor guardado", un título que me viene a la mente.
ElAmigoInvisible
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