jueves 1 de julio de 2010

Noventa y nueve poemas

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Hablan por sí solos.

En los mezquinos labios

de un trovador infiel a sus palabras,

los versos se escapan

temerosos de formar una rima

malvada y fraudulenta.

Noventa y nueve poemas

esperan el perdón de los pecados ajenos,

porque saben que el querer

no soporta el castigo del silencio,

y la ausencia de miradas

es una forma de condenar la inocencia

a una ficción de cadencias ensayadas.

Llegará el día en el que el verso libre

no necesitará de la impostura

para alcanzar los cien poemas de amor

sin añadir una canción desesperada.
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