sábado 3 de julio de 2010

La soledad era esto

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La soledad era esto
Sacrifice, de Armand Amar.
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Una ventana por la que nadie mira,

un corazón que no soporta un latido más,

un verano que se acabó de golpe

porque el entendimiento no quiso aceptar

una nueva bofetada en la mejilla.


La tierra ha cubierto el pasado

para que los que vengan después caminen sobre él,

como si fuesen aventureros intrépidos

que respiran por descubrir mundos que pertenecieron a otros.


La pesadumbre adquiere la apariencia

de las grandes ocasiones,

las nucas se vencen

porque el límite de su tesón se desdibujó

cuando las espaldas de los hipócritas

se mostraron firmemente unidas,

por no ver cómo los perdedores abandonaban

su esperanza para dejarla marchar por una pendiente sin retorno.


Quedan el aire,

la luz,

la magia de un cálido susurro,

la madrugada quieta,

el serbal que verdea,

el frescor de la sombra,

el horizonte inquebrantable.


La soledad era esto.

Lo sigue siendo todavía.
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