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Estuve con él anoche.
Hablamos seriamente.
Con toda la seriedad que requiere
una conversación
entre una mujer cansada
y un tiempo que se presta a detenerse.
Me explicó cómo sobrevivir
a los minutos en los que el oxígeno
se niega a llegar a los pulmones.
Me negó, por tres veces,
que nuestras vidas dependan
de la voluntad de un salvador trasnochado.
Me hizo beber de la quietud
que requiere la ausencia de dolor
y me invitó a madrugar con los ojos cerrados
para no dejarme impresionar por los amaneceres efímeros.
He firmado un contrato privado
para que el impás permanezca
a mi lado sin el temor a que, en un ataque de optimismo excesivo,
lo expulse de mi casa a plena luz del día
y bajo un sol de justicia.
Cambiar un paisaje de montañas
por una extensa planicie
es la única manera de mantener el equilibrio.
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miércoles, 14 de julio de 2010
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2 comentarios:
¡Ufff!
Me gusta lo que dices.
Un beso.
:-)
Muchas letras razonadas en los sueños.....
ElAmigoInvisible
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