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El árbol se llena de ausencias.
La certidumbre llegó anoche
para contarme que la mentira sabe andar
con tacones y vestidos largos.
El abandono sirve como moneda de cambio.
Sola.
Y entre medias,
los nombres que aprendí a pronunciar
cuando tenía tres años.
Están.
Apuntalando este edificio que retumba
cuando la mezquindad llama a la puerta.
Sola.
Para vivir por mi misma.
Acompañada.
Para equivocarme sin culpas.
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