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La noche tenía la luz de una tarde rota.
Las horas habían olvidado su nombre.
Las vocales poseían el silencio de una redonda.
La vida rompía la muerte con la ansiedad de una sombra.
El sí fue la solución.
El no, el principio de la caída.
La voluntad fue de ella.
La decisión, de él.
La lealtad ya no volvió a pronunciarse.
¿Para qué sirve
hermosear una traición
si los lazos que la envuelven
ya han estrangulado un cuello confiado?
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domingo 6 de junio de 2010
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4 comentarios:
La lealtad es un cuello desnudo, próximo a unas manos sin guantes, que suelen dejar huellas.
Un beso, son unos versos "preciosamente tristes".
-chus-
¿Sabes? Nunca pensé que pudiera darle tanta importancia... pensaba que no pertenecemos a nadie y que la lealtad era una forma de adhesión demasiado comprometida, que costriñe, que limita... hasta que llega el día en el que sientes la traición, el engaño, el miedo de los otros ante las consecuencias de sus propias decisiones, el temor a asumir que todos los hechos tienen su trascendencia... y quieren pasarte su responsabilidad, quieren que les aplaudas para quitarles el peso que llevan encima, porque piensan que la equivocación no es de ellos, sino tuya... es triste perder algo que ha estado a tu lado desde los años más jóvenes, las noches de fiesta, las risas, la complicidad, el dolor compartido... pero prefiero apartarme, seguir otro camino. Me niego en rotundo a ser una tía estupenda, que lo entiende todo y que es muy abierta de miras... a la puñetera mierda!
Un beso
Es jodido esperar, y que esperen de ti, y es jodido porque se suele terminar padeciendo "La Ley del Embudo": lo ancho para los demás, y lo estrecho para uno.
Sobre la lealtad, y una llamada telefónica, tengo yo algo que contar, una tragicomdia (más tragi que comedia). Y eso de ser estupendo, que opinen que eres estupendo, puede ser la peor de las trampas.
Un día, con más tiempo, y sin luz y taquígrafos (hay ojos que todo lo ven), te cuento mi historia de lealtades, y llamadas telefónicas, verás con qué poco se puede machacar una parte de la vida.
Un beso, Salomé, siempre es enriquecedor leerte, y no sólo por lo del lirismo.
-chus-
Gracias, Chus.
La ley del Embudo, exactamente. A veces me pregunto cómo es posible que ciertas situaciones se acepten como bien hechas, si es cosa propia, y se maldigan y machaquen, si las hacen los demás. No hagas lo que a ti no te gustaría que te hiciesen... No hay más ciego que el que no quiere ver, dicen... no es cierto del todo: es más ciego todavía el que viéndolo, teniéndolo delante, sabiendo que lo que lleva entre manos es lo que es, lo llames Agapito Méndez o Salustiano Fernández, te afirma, cargado de "sus" razones, que tú estás viendo visiones y que lo que a ti te pasa es que eres una amargada y no aceptas que los demás sean felices... harta estoy, de verdad, muy harta... de moderneces que se sostienen en coletazos de mayo del 68, en la simpatía que generan los que lo solucionan todo con un "yo no discuto", en espiritualidades baratas que vienen de la mano de elevaciones metafísicas al estilo Hare krishna... hay personas nocivas y contaminantes. Personas que te abrazan coo si te entregasen su alma y que luego pretenden que pienses como ellas, porque es la única forma válida en la vida... uffffff, me sobrepasa...
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