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Me van a faltar líneas
para escribir lo que no quiero decir,
para memorizar lo que deseo borrar.
El descreimiento se abastece de la fe de los otros.
Les roba las razones y los bendice con dioses.
La inocencia no se sostiene.
Ni tan siquiera se atreve a reposar su cabeza
sobre la mano abierta del que ofrece una limosna.
Me van a faltar rincones
para olvidar mis cuentos infantiles,
para esconder las cometas de las primaveras pasadas.
El trueno se lleva consigo la falacia de la prosperidad.
La disfraza de festejo universal
y la convierte en un diccionario de adjetivos inútiles.
Subiré las persianas.
Me van a faltar carnavales
para desenmascarar tanta sonrisa constreñida.
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viernes, 18 de junio de 2010
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