domingo, 20 de junio de 2010

El perfil de los verbos de diario

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No siento,
no suspiro,
no lloro,
no despierto,
no sueño,
no enmudezco,
no sonrío.

Me suicido al menos tres veces cada hora,
me pellizco en las mejillas y sé que la noche eterniza,
me callo porque mis descalabros no necesitan oyentes,
me ahogo porque mi oxígeno renegó de celebrar mis cumpleaños,
me entierro porque los engaños no echan raíces.


No leo
-poemas de amor-,
no dibujo
-margaritas acariciando mis pies desnudos-,
no fabulo
-por la dicha de una mañana perfecta-,
no medito
-sobre lo que ya no seré jamás-,
no perdono
-las palabras huecas que visten una sonrisa cándida-,
no resucito
-el juego de los besos anónimos-,
no permanezco
-en la estancia que comparten Peter Pan y Wendy-,
no aplaudo
-las libertades ajenas que no se respetan a sí mismas-.


Me quiero a sabiendas de ser mi único salvavidas,
me encojo porque no soporto ser diana en un juego cruel,
me consiento porque mis errores saben hacerme cosquillas,
me deseo porque necesito, por siempre, un amante placentero que conozca mi nombre,
me reconstruyo porque el ariete que me golpea no podrá conmigo,
me reconozco porque mis ojos bailan curiosos.


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