.
.
El sentido de la orientación,
el equilibrio,
la tranquilidad de la tarde.
Todo está roto.
Con pequeños rasguños
y fragmentos infinitos.
La lealtad,
el sonido de los besos,
el calor de una mano en mi hombro.
Todo está roto.
Con ausencias eternas
y lamentos salados.
Nunca sabré dónde reside el mal
que me lleva de la mano.
Lo he buscado ahí afuera
y sigo sin conocer
cómo es la puerta de su casa.
No sé jugar al escondite.
Mi sombra se carcajea.
La bombilla se fundió
y no tengo otra de repuesto.
.
.
lunes, 24 de mayo de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada