viernes, 30 de octubre de 2009

Docena y media de latidos

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Sophora japonica -hojas-
.
.
Él la miró a los ojos

con la luz entre los labios,

silencioso,

sutil,

enamorado.

Ella se abrazó a su cuello

y recitó un poema de amor

al resguardo de su nuca.


Él escribió en su espalda

los días de la semana.

Ella suspiró sesenta veces

sobre su vientre,

para que los segundos de un minuto

resultasen eternamente cálidos.


Él subió a lo más alto del árbol

y le contó cómo era el mar,

cómo los hombres y mujeres

se besaban en los parques.


Ella regó las flores del jardín

y salpicó su rostro

con unas cuantas gotas de ternura.


Él le robó sus pesadillas

y ella le ofreció docena y media de latidos.

Desde ese día,

existe una mujer que se adormece

con el aroma del membrillo,

y hay un hombre que respira a través de un corazón abierto.
.
.

4 comentarios:

yolan dijo...

precioso geme

muackssss

Salomé dijo...

Gracias, guapa, :-)

Gatomalabares dijo...

Vuelvo a tener el placer de perderme, de las exigencias del tiempo, en tus letras, y créeme, es un placer placentero placentero. Me alegra mucho que vuelva a haber tinta en el tintero, y como no podía ser de otro modo, la tinta es preciosa.
Un beso.


-chus-

Salomé dijo...

Gracias, Chus. Me gusta saber que te gusta lo que escribo. Viniendo de ti, es un verdadero elogio.

 
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