
Crecen,
respiran.
Lloran,
hablan,
se esconden
en la vieja caja de música.
Preguntan,
se alargan,
se rompen,
se desnundan.
Se miran
en el espejo
y alzan los brazos
para tocar el cielo
que no habitarán nunca.
Se adormecen,
se enamoran,
se cobijan,
se sientan en el patio
de butacas del cine de sesión doble.
Viven.
Como yo.
Y me preguntan
el porqué han de morir
cuando las manecillas del reloj,
tras un último impulso,
marquen la exactitud de la hora en punto.
No sé explicarles porque razón nacieron
para una vida tan corta.
Soy incapaz de encontrar un sólo motivo
que justifique el que mis miedos
sean distintos a los de ayer,
ahora que sé que van a dar las doce.
A las nueve ya eran.
Sí, miedos.
Idénticos.
Sin variación alguna.
El temor no tiene tiempo.
.
.
2 comentarios:
ains
miedos, miedos, miedos...
geme, es que tu y yo siempre vamos a la par? otra cosa que no ha cambiado :)
bueno, aunque hago un esfuerzo tremendo ultimamente, aun estoy que no estoy mucho, pero sigo con mi entrenamiento... que lo sepas, que tienes mi mano para ayudar a saltar las horas y a esquivar los miedos si hace falta
muacks
t'estimo
Hay cosas que no cambian... no sé si para bien o para mal. El miedo es bueno, si no es desproporcionado. Lo malo es que llegue a paralizar. O que mientras te das cuenta de que te toca reaccionar para seguir hacia adelante, te pases una larga temporada angustiada sin saber qué camino tomar. Pero ahí estamos, en la montaña rusa, :-)
Besotes, muchos. Eres un sol.
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