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Llega.
Y ya no se va.
Sentada en una esquina del banco.
Esperando que el día de hoy sea menos triste.
Porque el viernes fue un poco más alegre que el jueves,
pero llegaron las nubes.
Por el horizonte.
Se quedaron sobre su cabeza.
La luz se fue a pedir limosna para alumbrar
en los lugares oscuros,
que es donde más esfuerzo le supone trabajar.
Sentada en una esquina del banco.
Sin dejar que el cuerpo se desplome sobre el respaldo
por la dureza de los desencuentros.
Espera,
esperó
y esperará.
Sin atreverse a pedir agua.
Ni alimento para sustentar la locura.
Porque sólo ella es capaz de creer
que los que hablan no mienten.
Certeza que se constata
cuando la razón se ha perdido.
La razón,
que siempre lleva a la sinrazón.
Por eso espera.
Esperó.
Y esperará.
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2 comentarios:
Muy bello poema. Es emocionante y elegante. Me ha gustado, te felicito.
Muchísimas gracias por tus palabras, Xavi.
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