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Una vida mediocre.
Acudí a una inmobiliaria
y allí me dijeron
que no reunía los requisitos mínimos
para dedicarme su tiempo.
He puesto carteles en mi barrio.
Hasta en las farolas
que adornan la entrada a la iglesia.
Algún cristiano de bien
puede necesitar mi alma
para hacer experimentos con ella.
Una vida mediocre da mucho de sí.
Aunque en apariencia resulte vulgar.
Caben los errores insignificantes
y también los irreparables.
No se espera nada de ti como persona.
Y los que lo hacen
no se decepcionan en exceso
porque saben que te apellidas Don Nadie.
Es cómodo poseer una vida mediocre de repuesto.
Cuando el interesado se canse de la suya,
podrá utilizar la mía
para sentirse insatisfecho.
Se dará cuenta de lo fácil
que resulta dañar a quien pretende
acariciar tu cuello con una palabra hermosa.
Se vestirá cada mañana con el espíritu del perdedor
y cuando quiera cambiarse de camisa,
no tendrá más remedio
que colocarse la del día anterior,
gris bajo traje gris.
Un rictus color asfalto dentro de un rostro ceniciento.
Se alquila una vida mediocre.
Sí, una mediocridad de vida.
Es el momento oportuno,
la ocasión única.
Una oveja más dentro del rebaño.
Resulto barata y tengo experiencia.
Mucha experiencia.
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martes, 31 de marzo de 2009
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