martes, 31 de marzo de 2009

Se alquila

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Una vida mediocre.

Acudí a una inmobiliaria

y allí me dijeron

que no reunía los requisitos mínimos

para dedicarme su tiempo.


He puesto carteles en mi barrio.

Hasta en las farolas

que adornan la entrada a la iglesia.

Algún cristiano de bien

puede necesitar mi alma

para hacer experimentos con ella.


Una vida mediocre da mucho de sí.

Aunque en apariencia resulte vulgar.

Caben los errores insignificantes

y también los irreparables.

No se espera nada de ti como persona.

Y los que lo hacen

no se decepcionan en exceso

porque saben que te apellidas Don Nadie.



Es cómodo poseer una vida mediocre de repuesto.

Cuando el interesado se canse de la suya,

podrá utilizar la mía

para sentirse insatisfecho.

Se dará cuenta de lo fácil

que resulta dañar a quien pretende

acariciar tu cuello con una palabra hermosa.

Se vestirá cada mañana con el espíritu del perdedor

y cuando quiera cambiarse de camisa,

no tendrá más remedio

que colocarse la del día anterior,

gris bajo traje gris.

Un rictus color asfalto dentro de un rostro ceniciento.



Se alquila una vida mediocre.

Sí, una mediocridad de vida.

Es el momento oportuno,

la ocasión única.

Una oveja más dentro del rebaño.

Resulto barata y tengo experiencia.

Mucha experiencia.

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