miércoles, 4 de marzo de 2009

A medias

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A medias

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Entre el sí y el no.

Estás; es malo.

Te vas; lo pierdes todo.


Si la fuerza se ejerce con ahínco,

la compuerta se abre.

Pasa el agua.

Pasa el aire.

Pasa también la incertidumbre.


Si la fuerza te abandona,

la esclusa se cierra de golpe.

Y la acequía se queda seca.

Y la tierra se resquebraja.

Y el verde se convierte en ciénaga.


Entre el sí y el no.

A medias.

La confianza se desconfía.

La emoción se coloca a los pies de los vasallos.

La ilusión sabe a café amargo,

cargado de sal.


Porque la tarde es el mejor momento

para dar alimento a la tierra.

Porque la tarde es el peor momento

para negarle el pan a un deseo recién nacido.

Porque queda la noche.

Y el agua ya no puede verse clara.

Sólo turbia.

Oscura y tenebrosa.


El rechazo llega.

Es lo único que sé.

A medias entre el No y el Nunca.

Paralizada.

Sin adjetivos.

Sin adverbios que lo disfracen.

El movimiento se ha transformado en vacio.


A medias,

entre la nuca hundida

y la barbilla reclinada.

El equilibrio no se mantendrá jamás.

No hay centro de gravedad

que pueda salir airoso de este trance.
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♪♫Burn♪♫, de Ray LaMontagne.
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5 comentarios:

uros dijo...

Porque por la tarde, a veces, sube lenta la marea y se retira al llegar la noche dejando un madero sobre la arena mojada. Vivir es ese equilibrio que hoy me parece imposible.

Bambo dijo...

Agarrémonos, pues, uros, al madero.

Nuestro equilibrio depende de otros. Casi siempre. Pero podemos rodearnos de cosas en las que apoyarnos cuando los otros nos hacen tambalear.

No es imposible, seguro.

Estás, que es lo importante.

uros dijo...

Las palabras, por ejemplo. Eso que alguna gente utiliza sin darse cuenta de a qué comprometen. La música, los libros, otras cosas. Estamos, sí. Me alegra haber encontrado tu rincón para escuchar de vez en cuando. Gracias.

Bambo dijo...

Qué peligro tienen las palabras en ciertas ocasiones... Y más que las palabras, quiénes las usan como si realmente no supieran el valor que pueden tienen... A veces, una duda entre la ignorancia y la maldad, entre la incosciencia y las ganas de herir... Me quedo con las opciones menos dolorosas. Pensar que el otro no sabe realmente lo que está diciendo hace mucho menos daño que ser consciente de que te están abofeteando verbalmente con toda la intención.

Aunque suponga vivir, de cuando en cuando, en un engaño. Al menos, es consciente y elegido.

uros dijo...

No lo sabes tú bien. Me debato yo entre esas posibiidades, no sé si prefiero que me las lancen a la cara (ya se sabe lo que son) o que no respondan a lo que dicen. El problema, para los incautos, supongo, es afrontar la desproporción, a veces increíble, entre lo que se dice y lo que se hace. Tres o cuatro palabras deberían gozar de voluntad propia para avisar de cuándo no deben utilizarse en vano.

 
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