domingo, 8 de marzo de 2009

Azul de noche larga

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Azul de noche larga
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Ayer pinté la pared en la que mi vida se apoya

con cava y dulce de leche.

Hoy la he contemplado,

cuando el reloj marcaba las dos de la tarde,

cuando el sol le daba de lleno

al entrar por la ventana,

y he sido consciente de que mi trabajo

había sido en vano.

Las burbujas se habían desvanecido,

el postre ya no sabía a azúcar

y la grieta que cubrí anoche con la sutil caricia

del beso en un cuello ladeado,

era siete milímetros más ancha

y su enraizada forma se había tornado teleraña.


La calle me ha enseñado,

de nuevo,

a caminar.

La acera me ha obligado a detenerme.

A bajar el peldaño que la separa del asfalto

con el cuidado necesario

para que mis pisadas recobren la fuerza.

He mirado hacia arriba.

Y el azul del aire que respiro

ha cubierto mis espaldas.

A sabiendas de que la noche será larga.

Porque recomponerse

cuando las piezas del puzzle están desperdigadas

puede convertirse en la eterna búsqueda del Grial.

Porque mirarse las manos

y sentir que ya no tiemblan

sólo se consigue cuando en la hora de las brujas

hay un hombre a tu lado

que desliza sus dedos entre tu cabello revuelto.

Porque quiero ser

y su sombra me ayuda a dibujarme.

Intenso,

como el azul de la noche más larga.

Llegará

cuando la luna te sonría,

cuando la luna me regale su paleta de colores.

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♪♫Bella luna♪♫, de Jason Mraz.
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