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Deformada.
Rota.
Herida por el abandono.
El compromiso
no llegó a celebrarse.
Y la esquina,
hoy,
vive de lado,
dejando ver los rastros
del óxido que la corroe.
Una vez escuchó
cómo el hombre de la voz cautiva
le decía a la mujer de las eternas caderas
que juntos bordearían
su perfil de acantilado.
Nunca más volvió a contemplar
la sonrisa masculina.
Nunca más volvió a paralizarse
al mirarla a ella fijamente,
cuando la miel de sus ojos
prometía ser el comienzo de todo.
Su piel se resquebraja.
Su estructura se corrompe.
Quiso ser cómplice de dos vidas ajenas,
y creyó en el rigor
de la palabra dada.
Morirá entregada a la desidia.
Siendo sólo un bloque de hormigón
desarmado por los impedimentos humanos.
.
2 comentarios:
qué callado te lo tenías. te he encontrado de casualidad.
me alegro de volver a leerte, salomé. :)
un abrazo enorme.
Pero si te dejé un comentario con esta dirección... Será que no me leiste, :-)
Yo también me alegro de tenerte por aquí. De una u otra forma, da la sensación de que el recuperar antiguos contactos nos quite un poco de encima los años acumulados...
Un besote
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