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Escribiré.
Como ayer.
Como mañana.
Aunque hoy le cambiaré la forma a las grafías
para contarte que el desorden
es Tierra,
es Mar,
es Aire.
El desorden es Fuego.
Y Duda.
Escribiré
sin hacer alardes de emociones extremas.
Discretamente discreta.
Escribiré
sin mencionar las sombras de los árboles,
sin recurrir al corazón herido,
sin derramar lágrimas de pasión desesperada.
Escribo
porque dos mitades son una.
No existe el complemento indirecto.
Escribo
y no encuentro subordinadas que me sirvan.
Porque las ideas
se escapan entre el exceso de espacios y comas.
Escribo
para contarme,
para recordarme,
para saberte.
No quiero herir con las palabras.
El ataque no da razones, las quita.
El desprecio no recupera el amor perdido.
La rabia no devuelve lo que nunca se tuvo.
Escribo.
Escribiré.
Caminando descalza.
Haciendo equilibrios entre los recovecos
de las vocales,
refugiándome en las esquinas de los plurales perpetuos.
El tiempo vestido de luto
no se desnuda con airados compromisos,
no se gana con el orgullo del que dice mantener el rostro erguido.
Escribo.
Escribiré.
Pero no esperes de mí
grandes acontecimientos.
La vida no se confunde,
somos nosotros los que erramos al mirarla de frente,
retándola,
como si pudiéramos ganarle la partida.
La necedad nos convierte en competidores sin escrúpulos.
Ignorantes e ilusos,
que borramos las letras necesarias
y multiplicamos las que suenan a hueco,
a premio hipócrita y complaciente.
La imperfección es una sola.
Vital y necesaria.
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Vaina de Leucaena leucocephala.
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